CONFIRMADO: TIENES UN MENTIROSO EN CASA
Publicado el 21/03/2017 - Leído 294 veces

Matilda tiene una capacidad
asombrosa de convertirse en un ser ingrávido y silencioso cuando quiere robar
calcetines o algún objeto similar. Parece uno de esos ladrones enmascarados que
pintan los tebeos, encorvado, vigilante y sigiloso. Otra de sus especialidades
es la perfecta combinación de aullidos lastimeros y mirada suplicante ante
cualquier reunión en la que se utilice un tenedor. Al oírla pensarías que la
mismísima Inquisición la está torturando o que morirá de inanición si no te
constara que ha comido opíparamente hace un rato. Uno de sus amigos, Leo, es
capaz de incitarla a correr detrás de él, como si jugasen, para retroceder en
la ruta del parque y llegar por enésima vez a una misteriosa superficie de
barro que, pese a mi enfado, le encanta devorar.
Bueno, a todos los que convivimos
con perros nos sorprende su capacidad de observación y sus notables dotes de
picaresca. Sí, lo listos que son. Lo decimos continuamente aunque nadie que no
esté en nuestra situación nos tome en serio.
Menos mal que la ciencia nos
respalda una y otra vez. Si ya sabemos que entienden
lo que decimos y como lo decimos, que
recuerdan nuestros movimientos, ahora un experimento demuestra como
nuestros colegas son capaces de engañarnos y de hacerlo para conseguir un
objetivo (lo que llaman engaño táctico)… por ejemplo, para ganarse un trozo de
salchicha.
Una investigadora suiza acaba
de publicar un artículo en la revista Animal Cognition, que
demuestra cómo, tras un rapidísimo aprendizaje, los perros despistan a los
humanos que saben que no les van a dar las golosinas que encuentran y por el
contrario, ayudan a hallarlas a los que sí se las entregan. Marianne T.E.
Heberlein, una investigadora del Departamento de Biología Evolutiva y Estudios
Ambientales de la Universidad de Zúrich, trabajó con 27 canes de distintas
razas, machos y hembras. Durante cuatro días y junto a sus dueños, les presentó
a dos tipos de personas que no conocían.
Eran mujeres de la misma edad. Una de
ellas a la que la investigación denomina "cooperadora"
sistemáticamente les daba el pedazo de pienso o la salchicha que estaba oculta
en un recipiente. La otra mujer, la "competidora", se guardaba el
alimento en el bolsillo. Tras varias pruebas los animales tenían que guiar a
esas mujeres hasta uno de tres contenedores dispuestos en fila. Uno ocultaba
una salchicha, otro comida seca y el último estaba vacío. El resultado fue que
los perros señalaban mayoritariamente el recipiente donde se escondía la
salchicha a la mujer cooperadora (y acababan comiéndosela, claro). Sin embargo,
llevaban a la mujer competidora al cuenco vacío, porque después, tenían la
posibilidad de guiar a su dueño hasta la comida más sabrosa.
FUENTE: http://elpais.com/elpais/2017/03/20/animalesycia/1490020333_777475.html
¿Te gusta este post? Compártelo!